Error title
Some error text about your books and stuff.
Close

Ojos De Perro Azul / Blue Dog Eyes

by Gabriel Garcia Marquez

Ojos de perro azul / Blue Dog Eyes cover
  • ISBN: 9780307475701
  • ISBN10: 0307475700

Ojos De Perro Azul / Blue Dog Eyes

by Gabriel Garcia Marquez

  • Publisher: Vintage Books
  • Publish date: 08/10/2010
  • ISBN: 9780307475701
  • ISBN10: 0307475700
used Add to Cart $36.80
Marketplace Item
Returnable at the third party seller's discretion and may come without consumable supplements like access codes, CD's, or workbooks.
new Add to Cart $19.23
Marketplace Item
Returnable at the third party seller's discretion and may come without consumable supplements like access codes, CD's, or workbooks.
Description: All estaba otra vez ese ruido. Aquel ruido fro, cortante, vertical, que ya tanto conoca pero que ahora se le presentaba agudo y doloroso, como si de un da a otro se hubiera desacostumbrado a l. Le giraba dentro del crneo vaco, sordo y punzante. Un panal se haba levantado en las cuatro paredes de su calavera. Se agrandaba cada vez ms en espirales sucesivos y le golpeaba por dentro haciendo vibrar su tallo de vrtebras con una vibracin destemplada, desentonada, con el ritmo seguro de su cuerpo. Algo se haba desadaptado en su estructura material de hombre firme; algo que las otras veces haba funcionado normalmente y que ahora le estaba martillando la cabeza por dentro con un golpe seco y duro, dado por unos huesos de mano descarnada, esqueltica, y le haca recordar todas las sensaciones amargas de la vida. Tuvo el impulso animal de cerrar los puos y apretarse la sien brotada de arterias azules, moradas, con la firme presin de su dolor desesperado. Hubiera querido localizar entre las palmas de sus dos manos sensitivas el ruido que le estaba taladrando el momento con su aguda punta de diamante. Un gesto de gato domstico contrajo sus msculos cuando lo imagin perseguido por los rincones atormentados de su cabeza caliente, desgarrada por la fiebre. Ya iba a alcanzarlo. No. El ruido tena la piel resbaladiza, intangible casi. Pero l estaba dispuesto a alcanzarlo con su estrategia bien aprendida y apretarlo larga y definitivamente con toda la fuerza de su desesperacin. No permitira que penetrara otra vez por su odo; que saliera por su boca, por cada uno de sus poros o por sus ojos que se desorbitaran a su paso y se quedaran ciegos mirando la huida del ruido desde el fondo de su desgarrada oscuridad. No permitira que le estrujara ms sus cristales molidos, sus estrellas de hielo, contra las paredes interiores del crneo. As era el ruido aquel: interminable como el golpear de la cabeza de un nio contra un muro de concreto. Como todos los golpes duros dados contra las cosas firmes de la naturaleza. Pero ya no le atormentara ms si pudiera cercarlo, aislarlo. Ir cortando contra su propia sombra la figura variable. Y agarrarlo. Apretarlo, ahora s definitivamente, arrojarlo con todas sus fuerzas contra el pavimento y pisotearlo con ferocidad hasta cuando ya no pudiera moverse verdaderamente, hasta cuando pudiera decir, jadeante, que haba dado muerte al ruido que lo atormentaba, que lo enloqueca y que ahora estaba tirado en el suelo como cualquier cosa comn, convertido en un muerto integral. Pero le era imposible apretarse las sienes. Sus brazos se haban reducido y eran ahora los brazos de un enano; unos brazos pequeos, regordetes, adiposos. Trat de sacudir la cabeza. La sacudi. El ruido apareci entonces con mayor fuerza dentro del crneo que se haba endurecido, agrandado y que se senta atrado con mayor fuerza por la gravedad. Estaba pesado y duro aquel ruido. Tan pesado y duro que de haberlo alcanzado y destruido habra tenido la impresin de estar deshojando una flor de plomo. Haba sentido ese ruido las otras veces, con la misma insistencia. Lo haba sentido, por ejemplo, el da en que muri por primera vez. Cuando --ante la vista de un cadver-- se dio cuenta de que era su propio cadver. Lo mir y se palp. Se sinti intangible, inespacial, inexistente. l era verdaderamente un cadver y estaba sintiendo ya, sobre su cuerpo joven y enfermizo, el trnsito de la muerte. La atmsfera se haba endurecido en toda la casa como si hubiera sido rellena de cemento, y en medio de aquel bloque --en el que haba dejado los objetos como cuando era una atmsfera de aire-- estaba l, cuidadosamente colocado dentro del atad de un cemento duro pero transparente. Aquella vez en su cabeza estaba tambin ese ruido. Qu lejanas y qu fras senta las plantas de sus pies, all, en el otro extremo del atad, donde haban puesto una almohada, porque la caja le quedara an demasiado grande y hubo que ajustarlo, adaptar el cuerpo muerto a su nuevo y ltimo vestido. Lo cubrieron de blanco y alrededor de su mandbula apretaron un pauelo. Se sinti bello envuelto en su mortaja; mortalmente bello. Estaba en su atad, listo a ser enterrado, y sin embargo, l saba que no estaba muerto: que si hubiera tratado de levantarse lo hubiera hecho con toda facilidad. Al menos espiritualmente. Pero no vala la pena. Era mejor dejarse morir all: morirse de muerte, que era su enfermedad. Haca tiempo que el mdico haba dicho a su madre, secamente: --Seora, su nio tiene una enfermedad grave: est muerto. Sin embargo --prosigui--, haremos todo lo posible por conservarle la vida ms all de su muerte. Lograremos que continen sus funciones orgnicas por un complejo sistema de autonutricin. Slo variarn las funciones motrices, los movimientos espontneos. Sabremos de su vida por el crecimiento que continuar tambin normalmente. Es simplemente una muerte viva. Una real y verdadera muerte . . . Recordaba las palabras, pero confundidas. Tal vez no las oy nunca y fue creacin de su cerebro cuando suba la temperatura en las crisis de la fiebre tifoidea. Cuando se sumerga en el delirio. Cuando lea la historia de los faraones embalsamados. Al subir la fiebre, l mismo se senta protagonista de ella. All haba empezado una especie de vaco en su vida. Desde entonces no poda distinguir, recordar cules acontecimientos eran parte de su delirio y cules de su vida real. Por tanto, ahora dudaba. Tal vez el mdico nunca habl de esa extraa muerte viva. Es ilgica, paradojal, sencillamente contradictoria. Y eso lo haca sospechar ahora que, efectivamente, estaba muerto de verdad. Que haca dieciocho aos que lo estaba. Desde entonces --en el tiempo de su muerte tena siete aos--, su madre le mand hacer un atad pequeo, de madera verde; un atad para un nio. Pero el mdico orden que le hicieran una caja ms grande, una caja para un adulto normal, pues aquella, pequea, podra atrofiar el crecimiento y llegara a ser un muerto deforme o un vivo anormal. O la detencin del crecimiento impedira darse cuenta de la mejora. En vista de aquella advertencia, su madre le hizo construir un atad grande, para un cadver adulto, y le coloc tres almohadas a los pies, con el fin de ajustarlo. Pronto empez a crecer dentro de la caja, de tal manera que cada ao podan sacarle un poco de lana a la almohada extrema para darle margen al crecimiento. Haba pasado as media vida. Dieciocho aos (ahora tena veinticinco). Y haba llegado a su estatura definitiva, normal. El carpintero y el mdico se equivocaron en el clculo e hicieron el atad medio metro ms grande. Supusieron que l tendra la estatura de su padre, que era un gigante semibrbaro. Pero no fue as. Lo nico que de l hered fue la barba poblada. Una barba azul, espesa, que su madre acostumbraba arreglar para verlo decentemente dentro de su atad. Esa barba le molestaba terriblemente en los das de calor. Pero haba algo que le preocupaba ms que ese ruido!. Eran los ratones. Precisamente, cuando nio, nada haba en el mundo que le preocupara ms, que le produjera ms terror que los ratones. Y eran precisamente esos animales asquerosos los que haban acudido al olor de las bujas que ardan a sus pies. Ya haban rodo sus ropas y saba que muy pronto empezaran a roerlo a l, a comerse su cuerpo. Un da pudo verlos: eran cinco ratones lucios, resbaladizos, que suban a la caja por la pata de la mesa y lo estaban devorando. Cuando su madre lo advirtiera, no quedaran ya de l sino los escombros, los huesos duros y fros. Lo que ms horror le produca no era exactamente que se lo comieran los ratones. Al fin y al cabo podra seguir viviendo con su esqueleto. Lo que lo atormentaba era el terror innato que senta hacia esos animalitos. Se le erizaba la piel con slo pensar en esos seres velludos que recorran todo su cuerpo, que penetraban por los pliegues de su piel y le rozaban los labios con sus patas heladas. Uno de ellos subi hasta sus prpados y trat de roer su crnea. Le vio grande, monstruoso, en su lucha desesperada por taladrarle la retina. Crey entonces una nueva muerte y se entreg, todo entero, a la inminencia del vrtigo. Record que haba llegado a la mayor edad. Tena veinticinco aos y eso significaba que no crecera ya ms. Sus facciones se volveran firmes, serias. Pero cuando estuviera sano no podra hablar de su infancia. No la haba tenido. La pas muerto. Su madre haba tenido rigurosos cuidados durante el tiempo que dur la transicin de la infancia a la pubertad. Se preocup por la higiene perfecta del atad y de la habitacin en general. Cambiaba frecuentemente las flores de los jarrones y abra las ventanas todos los das para que penetrara el aire fresco. Con qu satisfaccin mir la cinta mtrica en aquel tiempo, cuando, despus de medirlo, comprobaba que haba crecido varios centmetros! Tena la maternal satisfaccin de verlo vivo. Cuid, asimismo, de evitar la presencia de extraos en la casa. Al fin y al cabo era desagradable y misteriosa la existencia de un muerto por largos aos en una habitacin familiar. Fue una mujer abnegada. Pero muy pronto empez a decaer su optimismo. En los ltimos aos, la vio mirar con tristeza la cinta mtrica. Su nio no creca ya ms! En los meses pasados no progres el crecimiento un milmetro siquiera. Su madre saba que iba a ser difcil ahora encontrar la manera de advertir la presencia de la vida en su muerto querido. Tena el temor de que una maana amaneciera realmente muerto, y tal vez por eso aquel da l pudo observar que se acercaba a su caja, discretamente, y olfateaba su cuerpo. Haba cado en una crisis de pesimismo. ltimamente descuid las atenciones, y ya ni siquiera tena la precaucin de
Expand description
Product notice Returnable at the third party seller's discretion and may come without consumable supplements like access codes, CD's, or workbooks.
Seller Condition Comments Price  
Seller: Book Culture Inc.
Location: New York, NY
Condition: New
Brand New. Ships from an indie bookstore in NYC. Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Price:
$19.23
Comments:
Brand New. Ships from an indie bookstore in NYC. Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Seller: ErgodeBooks
Location: Houston, TX
Condition: New
Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Price:
$33.10
Comments:
Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Seller: ErgodeBooks
Location: Houston, TX
Condition: Good
Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Price:
$36.80
Comments:
Text in Spanish. Trade paperback (US). Glued binding. 192 p.
Seller: Just one more Chapter
Location: Miramar, FL
Condition: New
Price:
$38.45
Comments:
Seller: Bonita
Location: Santa Clarita, CA
Condition: Good
Shipping Icon
Access codes and supplements are not guaranteed with used items. May be an ex-library book.
Price:
$39.32
Comments:
Access codes and supplements are not guaranteed with used items. May be an ex-library book.
Seller: Bonita
Location: Santa Clarita, CA
Condition: New
Shipping Icon
Price:
$66.51
Comments:
please wait
Please Wait

Notify Me When Available

Enter your email address below,
and we'll contact you when your school adds course materials for
.
Enter your email address below, and we'll contact you when is back in stock (ISBN: ).